jueves, 10 de julio de 2014

NO HE VENIDO A LLAMAR A LOS JUSTOS SINO A LOS PECADORES

PUESTA EN COMÚN
En la puesta en común de nuestro encuentro anterior nos cen­tramos en la primera sección del evangelio de Marcos (Mc 1,14-3,6), para tratar de descubrir cómo la gente y las autoridades de los judíos reaccionaban ante lo que Jesús hacía y decía.
Hoy daremos un paso más para comprender mejor esta misma sección del evangelio y nos preguntamos: ¿Qué acciones concretas de Jesús provocan la crítica de los escribas y fariseos?

LECTURA DE Mc 2,13-17
>- Ambientación
Entre todas las cosas que Jesús hizo o dijo, hay una que fue considerada especialmente extraña y escandalosa por la gente piadosa y religiosa de su tiempo: su costumbre de comer con pecadores y gente de mala reputación. Entre ellos se contaban los publícanos o recaudadores de impuestos. Tanto es así, que hay quien ha llegado a decir que a Jesús le mataron precisa­mente por eso, por su manera de comer, y por lo que ésta signi­ficaba.

>• Miramos nuestra vida
Hay personas a las que, casi de un modo instintivo, margi­namos o tachamos de "gentuza". Por nada del mundo nos gus­taría que nos vieran, ni a nosotros, ni a los nuestros, en compa­ñía de determinados individuos.
¿Podrías hacer una lista de personas concretas a las que rechazamos o marginamos y de las razones por las que lo hace­mos?
Comenta tu respuesta con los demás miembros del grupo.

>• Escuchamos la Palabra de Dios
1. Conscientes de que Dios quiere comunicarse con nosotros a través de su Palabra que es "viva y eficaz", nos preparamos a escucharla con un breve momento de silencio o con una invoca­ción al Espíritu Santo.
2. Proclamación de Mc 2,13-17
3. Reflexionamos en silencio: leemos de nuevo el pasaje per­sonalmente y consultamos las notas.
4. Entre todos tratamos de responder a estas preguntas:
- ¿Porqué critican los maestros de la Ley a Jesús?
- ¿Cómo responde Jesús a esa crítica?
- ¿En qué consiste, según sus propias palabras, la misión de Jesús?

> Volvemos sobre nuestra vida
Intentamos descubrir ahora lo que este pasaje del evangelio nos dice a nosotros en nuestra situación actual. Podemos hacerlo a través de estas preguntas:
- ¿Nos comportamos a veces como los maestros de la Ley?
- ¿Qué te sugieren las palabras de Jesús en el v. 17 personal­mente y como miembro de una comunidad cristiana?

> Reflexionamos:
Expresamos en forma de oración todo aquello que hemos meditado y dialogado a partir de la lectura de este pasaje.
1. Volvemos a leer Mc 2,13-17
2. Lectura Personal.

PARA PROFUNDIZAR:
Las comidas de Jesús con los pecadores
La costumbre de Jesús de comer con pecadores y gente poco recomendable fue, sin duda, uno de sus gestos más controverti­dos y extraños.
Lo comprenderemos mejor si pensamos que en la antigüe­dad, lo mismo que sucede todavía hoy en muchas culturas, la forma de comer expresaba convicciones muy profundas respecto a la manera de ver el mundo y las relaciones con los demás. Los judíos, en concreto, tenían vino abundante y estricta normativa sobre las comidas y los alimentos, y de este modo reflejaban su forma de ser como pueblo. Por ejemplo, por nada del mundo un judío -¡y menos aún un fariseo!- se habría sentado a comer con un no judío (pagano) o con un pecador, pues eso hubiera supues­to romper las fronteras que los diferenciaban de quienes no per­tenecían al Pueblo de la Alianza, o habían quedado excluidos de él por su pecado.
Una forma de actuar que llama la atención
Sentándose a la mesa con los pecadores. Jesús se salta toda esta normativa. Con ello se pone a sí mismo en grave peligro de contaminarse, al entrar en contacto con quienes eran considera­dos impuros, esto es, indigno de acercarse a Dios y apartados de la comunidad. A aquellos que, como los maestros de la Ley. tenían muy claro dónde estaban los "buenos" y dónde los "malos", dónde los "justos" y dónde los "pecadores", la actitud de Jesús les desorientaba profundamente, porque mezclar lo puro con lo impuro era un desorden inaceptable que sólo podía traer malas consecuencias. Al actuar así, Jesús ponía patas arriba el orden social y religioso establecido. Y eso era intolerable.
Además, actuando de este modo, Jesús se deshonraba a sí mismo y echaba por tierra en un momento su consideración y reconocimiento social. Su comportamiento es absolutamente vergonzoso. Por aquello de "dime con quién comes y te diré quién eres", Jesús cae en el ridículo más espantoso ante quie­nes le observan, y su fama queda en entredicho. No puede ser bueno un hombre que se sienta a comer con esa gentuza.

Una forma de cambiar la sociedad desde dentro
Ante el escándalo de los maestros de la Ley, Jesús les res­ponde que él no puede actuar de otra manera porque es el médico cuya misión es estar con los enfermos. Jesús come con los pecadores porque es una manera de salirles al encuentro, de ofrecerles el perdón capaz de curar las heridas abiertas por el pecado. Sentándose con ellos a la mesa les hace sentirse de nuevo en casa, en familia, les ayuda a establecer relaciones de solidaridad, de fraternidad, de acogida, de igualdad... Sólo así podrán reintegrarse a la comunidad y superar su marginación. Sólo así podrán recuperar la salud perdida.
En el fondo. Jesús actúa de este modo para mostrar cómo es Dios. Su Dios no tiene nada que ver con el Dios de los escribas y fariseos, que para proteger su santidad necesita apartar de sí a los "malos". El Dios de Jesús no busca excluir a los pecadores sino, al contrario, incluirlos y sentarlos a la mesa en el banquete de su reino (puedes leer Is 25,6-8) para celebrar con ellos la fiesta del perdón y la alegría. Jesús, en sus comidas con los pecadores, ya está haciendo presente el reino de Dios.
Nosotros, seguidores de Jesús, que cada domingo celebra­mos la eucaristía como quienes anticipan ya en el presente el banquete del Reino de Dios, deberíamos ensanchar la mesa de nuestra vida para que pudieran sentarse a ella los que no caben en ningún sitio, sabiendo que somos nosotros mismos los nece­sitados de esta comunión y fraternidad que Jesús vino a traer.

Para preparar el próximo encuentro
Para preparar nuestro próximo encuentro vamos a leer la segunda sección del evangelio de Marcos:
Mc 3,7 - 6,6a Al leer estos capítulos fíjate qué dice Jesús del reino de Dios y cómo se manifiesta en sus obras.

Bibliografía: El autentico rostro de Jesús. Guía para una lectura comunitaria del evangelio de san Marcos. Ed. Verbo Divino. 1997.
Descalso Martin José Luís, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Ed. Sígueme
Cadavid Álvaro, Curso de Actualización Teológica Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín)

lunes, 12 de octubre de 2009

JESUS LES HABLABA POR MEDIO DE PARÁBOLAS.

ENFOQUE CRISTOLÓGICO
Mateo 13:10-17; Marcos 4:10-12; Lucas 8:9-10 
Introducción:
I. ¿Qué es una "parábola"?
A. Significa la puesta de una cosa al lado de otra con el propósito de comparar ... Por lo general se usa de un relato algo largo sacado de la naturaleza o de circunstancias humanas, siendo su objeto la enseñanza de una lección espiritual".
B. No es "fábula" Las fábulas quebrantan las reglas de la naturaleza, dando a los árboles y animales poderes humanos. Las fábulas no podrían servir el propósito de Jesús. Las fábulas enseñan lecciones prácticas que tienen que ver solamente con relaciones humanas. Las parábolas tratan de nuestras relaciones con Dios; tienen significado celestial y eterno.
C. No es "alegoría" porque cada detalle de una alegoría representa algo o alguien. Es verdad que a veces los elementos particulares de una parábola tienen significado (como en la parábola del sembrador), pero comúnmente cada parábola tiene una sola lección central.
1. Un error grande en el uso de las parábolas es el de buscar el significado de cada detalle de la parábola, aunque Jesús no lo haga.
2. Más de una lección. Es verdad que puede haber en algunas de las parábolas más de una lección. Por ejemplo, la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) tiene que ver con la responsabilidad individual, pero también se refiere claramente al juicio final, de recompensa para los fieles y castigo para los infieles.
3. Las circunstancias no tienen importancia. Esta regla es importante. En la mayoría de las parábolas las circunstancias no tienen significado. Por ejemplo, Mat. 13:44, el pensamiento principal es simplemente el gozo del hombre que halló un tesoro. En seguida, Mat. 13:45,46, habla de la perla de gran precio, y el pensamiento principal es el valor del reino.
D. Una ilustración. Una parábola es simplemente una ilustración basada en eventos comunes, las actividades diarias de la gente. Jesús conoce al hombre, y conocía perfectamente a la gente de Palestina, todo aspecto y detalle de su vida diaria.
1. Leemos sus parábolas y los hogares de aquel tiempo se nos abren. Vemos una mujer haciendo pan; a otra en la costura; la emergencia de aquel que pide pan a media noche para la visita; los ricos con bodegas llenas; el trabajador que no se atreve a comer hasta que el patrón haya comido.
2. Hay muchos contrastes: judíos escogidos y samaritanos aborrecidos; el rico que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez, y el mendigo que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas.
3. Todo el panorama se presenta: el agricultor arando, el pescador con sus redes, la alegría de los que se recibían en las bodas y la tristeza de los que no podían entrar, el edificador construyendo una torre, la viuda ante el juez pidiendo justicia.
II. ¿Por Qué Habló Jesús en Parábolas?A. Para revelar la verdad. Las parábolas son "ventanas" que dejan entrar la luz. Nos ayudan mucho en nuestro entendimiento de verdades celestiales. Jesús podía "colgar la verdad" sobre las cosas y actividades más comunes para que la veamos y entendamos mejor.
1. Por ejemplo, en este capítulo (Mateo 13) Jesús dice varias veces, "El reino de los cielos es semejante a" y luego sigue la comparación.
2. Jesús habla de "Los misterios del reino de los cielos". La palabra "misterio" se usa en el Nuevo Testamento en un sentido especial. No significa algo misterioso, oscuro y difícil o imposible de entender, sino simplemente cosas que no se podían saber sin revelación de Dios (1 Cor. 2:9-13; Efes. 3:3-6).
3. Así Jesús explica con parábolas la naturaleza verdadera del reino. Vemos la bella armonía entre las parábolas de Jesús y la enseñanza apostólica que se registra en los Hechos y en los otros libros del Nuevo Testamento.
B. Para conservar la verdad. Las parábolas nos ayudan mucho para recordar la enseñanza. ¿Quién no se acuerda del "Hijo Pródigo"? Es fácil recordar las parábolas. Cada una es una "obra maestra", sin igual en los escritos y discursos de los más destacados autores, filósofos, estadistas, etc. del mundo entero. Los nombres de Sócrates y Platón son muy reconocidos, pero ¿qué enseñaron?
D. Para esconder la verdad. Parece que esto contradice lo que ya se afirmó, pero es cierto. Jesús habló por parábolas para ilustrar la verdad para los sinceros y al mismo tiempo para ocultar la verdad de los insinceros. Siempre ha habido personas insinceras que no quieren la verdad, y no la aceptarán cuando se les presente. Jesús dejó en oscuridad a éstos con sus parábolas.
TAREA. DIBUJAR UNA PARABOLA CUALQUIERA TOMADA DEL EVANGELIO DE MARCOS. Se revisará en clase.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

NO HE VENIDO A LLAMAR A LOS JUSTOS SINO A LOS PECADORES.

PUESTA EN COMÚNEn la puesta en común de nuestro encuentro anterior nos cen­tramos en la primera sección del evangelio de Marcos (Mc 1,14-3,6), para tratar de descubrir cómo la gente y las autoridades de los judíos reaccionaban ante lo que Jesús hacía y decía.
Hoy daremos un paso más para comprender mejor esta misma sección del evangelio y nos preguntamos: ¿Qué acciones concretas de Jesús provocan la crítica de los escribas y fariseos?

LECTURA DE Mc 2,13-17>- Ambientación
Entre todas las cosas que Jesús hizo o dijo, hay una que fue considerada especialmente extraña y escandalosa por la gente piadosa y religiosa de su tiempo: su costumbre de comer con pecadores y gente de mala reputación. Entre ellos se contaban los publícanos o recaudadores de impuestos. Tanto es así, que hay quien ha llegado a decir que a Jesús le mataron precisa­mente por eso, por su manera de comer, y por lo que ésta signi­ficaba.

>• Miramos nuestra vidaHay personas a las que, casi de un modo instintivo, margi­namos o tachamos de "gentuza". Por nada del mundo nos gus­taría que nos vieran, ni a nosotros, ni a los nuestros, en compa­ñía de determinados individuos.
¿Podrías hacer una lista de personas concretas a las que rechazamos o marginamos y de las razones por las que lo hace­mos?
Comenta tu respuesta con los demás miembros del grupo.

>• Escuchamos la Palabra de Dios1. Conscientes de que Dios quiere comunicarse con nosotros a través de su Palabra que es "viva y eficaz", nos preparamos a escucharla con un breve momento de silencio o con una invoca­ción al Espíritu Santo.
2. Proclamación de Mc 2,13-17
3. Reflexionamos en silencio: leemos de nuevo el pasaje per­sonalmente y consultamos las notas.
4. Entre todos tratamos de responder a estas preguntas:
- ¿Porqué critican los maestros de la Ley a Jesús?
- ¿Cómo responde Jesús a esa crítica?
- ¿En qué consiste, según sus propias palabras, la misión de Jesús?

> Volvemos sobre nuestra vida
Intentamos descubrir ahora lo que este pasaje del evangelio nos dice a nosotros en nuestra situación actual. Podemos hacerlo a través de estas preguntas:
- ¿Nos comportamos a veces como los maestros de la Ley?
- ¿Qué te sugieren las palabras de Jesús en el v. 17 personal­mente y como miembro de una comunidad cristiana?

> Reflexionamos:
Expresamos en forma de oración todo aquello que hemos meditado y dialogado a partir de la lectura de este pasaje.
1. Volvemos a leer Mc 2,13-17
2. Lectura Personal.

PARA PROFUNDIZAR:
Las comidas de Jesús con los pecadores
La costumbre de Jesús de comer con pecadores y gente poco recomendable fue, sin duda, uno de sus gestos más controverti­dos y extraños.
Lo comprenderemos mejor si pensamos que en la antigüe­dad, lo mismo que sucede todavía hoy en muchas culturas, la forma de comer expresaba convicciones muy profundas respecto a la manera de ver el mundo y las relaciones con los demás. Los judíos, en concreto, tenían vino abundante y estricta normativa sobre las comidas y los alimentos, y de este modo reflejaban su forma de ser como pueblo. Por ejemplo, por nada del mundo un judío -¡y menos aún un fariseo!- se habría sentado a comer con un no judío (pagano) o con un pecador, pues eso hubiera supues­to romper las fronteras que los diferenciaban de quienes no per­tenecían al Pueblo de la Alianza, o habían quedado excluidos de él por su pecado.
Una forma de actuar que llama la atención
Sentándose a la mesa con los pecadores. Jesús se salta toda esta normativa. Con ello se pone a sí mismo en grave peligro de contaminarse, al entrar en contacto con quienes eran considera­dos impuros, esto es, indigno de acercarse a Dios y apartados de la comunidad. A aquellos que, como los maestros de la Ley. tenían muy claro dónde estaban los "buenos" y dónde los "malos", dónde los "justos" y dónde los "pecadores", la actitud de Jesús les desorientaba profundamente, porque mezclar lo puro con lo impuro era un desorden inaceptable que sólo podía traer malas consecuencias. Al actuar así, Jesús ponía patas arriba el orden social y religioso establecido. Y eso era intolerable.
Además, actuando de este modo, Jesús se deshonraba a sí mismo y echaba por tierra en un momento su consideración y reconocimiento social. Su comportamiento es absolutamente vergonzoso. Por aquello de "dime con quién comes y te diré quién eres", Jesús cae en el ridículo más espantoso ante quie­nes le observan, y su fama queda en entredicho. No puede ser bueno un hombre que se sienta a comer con esa gentuza.

Una forma de cambiar la sociedad desde dentroAnte el escándalo de los maestros de la Ley, Jesús les res­ponde que él no puede actuar de otra manera porque es el médico cuya misión es estar con los enfermos. Jesús come con los pecadores porque es una manera de salirles al encuentro, de ofrecerles el perdón capaz de curar las heridas abiertas por el pecado. Sentándose con ellos a la mesa les hace sentirse de nuevo en casa, en familia, les ayuda a establecer relaciones de solidaridad, de fraternidad, de acogida, de igualdad... Sólo así podrán reintegrarse a la comunidad y superar su marginación. Sólo así podrán recuperar la salud perdida.
En el fondo. Jesús actúa de este modo para mostrar cómo es Dios. Su Dios no tiene nada que ver con el Dios de los escribas y fariseos, que para proteger su santidad necesita apartar de sí a los "malos". El Dios de Jesús no busca excluir a los pecadores sino, al contrario, incluirlos y sentarlos a la mesa en el banquete de su reino (puedes leer Is 25,6-8) para celebrar con ellos la fiesta del perdón y la alegría. Jesús, en sus comidas con los pecadores, ya está haciendo presente el reino de Dios.
Nosotros, seguidores de Jesús, que cada domingo celebra­mos la eucaristía como quienes anticipan ya en el presente el banquete del Reino de Dios, deberíamos ensanchar la mesa de nuestra vida para que pudieran sentarse a ella los que no caben en ningún sitio, sabiendo que somos nosotros mismos los nece­sitados de esta comunión y fraternidad que Jesús vino a traer.

Para preparar el próximo encuentro
Para preparar nuestro próximo encuentro vamos a leer la segunda sección del evangelio de Marcos: Mc 3,7 - 6,6a
Al leer estos capítulos fíjate qué dice Jesús del reino de Dios y cómo se manifiesta en sus obras.

Bibliografía: El autentico rostro de Jesús. Guía para una lectura comunitaria del evangelio de san Marcos. Ed. Verbo Divino. 1997.
Descalso Martin José Luís, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Ed. Sígueme
Cadavid Álvaro, Curso de Actualización Teológica Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín)

domingo, 20 de septiembre de 2009

¿QUIÉN ES JESÚS ?

PUESTA EN COMÚN
Vamos a hablar de lo que hemos descubierto en nuestro repaso de las opiniones sobre Jesús que aparecen en el evangelio de Marcos. Son -bastantes y variadas, pero no todas son acertadas; no todas expresan de verdad quién es Jesús. La clave para distinguir unas de otras está en cómo las recibe el mismo Jesús. Cuando manda callar o prohíbe hablar de él es que lo que dicen sobre él (o lo que quie­ren decir) no es correcto o no responde a su verdadera identi­dad. Las preguntas a las que vamos a responder son: ¿qué dice cada uno de los personajes sobre Jesús? ¿Cómo lo recibe él, lo acepta o lo rechaza?
LECTURA DE MC 8,27-30
>• Ambientación
En la puesta en común hemos visto lo que diversos persona­jes de su tiempo dijeron sobre Jesús. Desde entonces hasta hoy muchos hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, han inten­tado descubrir quién es Jesús. Unos le han visto como un maes­tro de sabiduría, otros como un visionario, otros como un liber­tador, muchos como el Hijo de Dios... Al comenzar juntos este camino, en el que deseamos conocerle mejor, también nosotros vamos a intentar aclararnos sobre quién es para nosotros Jesús.
>• Mirarnos nuestra vida
Primero vamos a mirar a nuestro alrededor intentando ver qué dice la gente hoy sobre Jesús. Algunos lo dicen de palabra; otros con su vida. Quien va a la iglesia a poner una vela ante una imagen de Jesús sólo cuando está en dificultades, dice así quién es Jesús para él o ella; y lo mismo hace quien deja todo para ponerse al servicio de los demás, imitando el ejemplo de Jesús.
Pensamos un momento y después compartimos con los demás: ¿Qué dice la gente hoy sobre Jesús de Nazaret?
> Escuchamos la Palabra de Dios
1. Con un momento de silencio preparamos nuestro corazón para acoger lo que Dios quiere decirnos hoy a través de su Palabra.
2. Proclamación de Mc 8,27-30
3. Cada uno vuelve a leer el pasaje consultando las notas.
4. Después, entre todos, tratamos de responder a estas pre­guntas:
- ¿Qué opinaba la gente de su tiempo sobre Jesús?
- Los discípulos tienen otra opinión. ¿A qué puede deberse?
- ¿Cómo reacciona Jesús ante la respuesta de Pedro?
> Volvemos sobre nuestra vida
Jesús sigue haciéndonos a nosotros las mismas preguntas. Después de escuchar lo que otros dicen hoy de él y lo que dije­ron entonces sus discípulos, el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros:
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Es muy importante que seamos sinceros al responder, pues este será el punto de partida del camino que vamos a hacer jun­tos detrás de Jesús. Cuanto más sinceros seamos los unos con los otros, más nos podremos ayudar a descubrir quién es Jesús.
> Reflexionamos:
Estamos comenzando juntos un camino: queremos descubrir quién es Jesús. Vamos a reflexionar para que sea él mismo quien nos conceda lo que necesitamos para este camino: sinceridad para compartir, capacidad de acoger a los demás, deseos de conocer­le... Cada uno puede hacerlo con sus propias palabras.
1. Comenzamos leyendo de nuevo Mc 8,27-30.
2. Oración personal.
3. Oración en común.
PARA PROFUNDIZAR
¿Quién es Jesús?
En el evangelio de Marcos se dan diversas respuestas a esta pregunta, pero no todas tienen el mismo valor. A través de las reacciones de Jesús a lo que los diversos personajes dicen sobre él, el evangelista invita a sus lectores a que revisen sus propias opiniones sobre Jesús, porque seguramente la visión que tienen sobre él no sea del todo acertada, como no lo era la de sus pro­pios discípulos y la de la gente que le conoció. Marcos nos invita a acercarnos a Jesús con una actitud de búsqueda, y nos va dando pistas para ello.
Mesías e Hijo de Dios
En el primer versículo del evangelio nos dice que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1,1), pero el verdadero sentido de estas dos afirmaciones sólo pueden comprenderlas bien quienes lo acompañen a lo largo de todo el relato. Al terminar la primera parte de su evangelio, Pedro afirma en nombre de los discípulos que Jesús es el Mesías, el Ungido de Dios enviado para salvar a su pueblo (Mc 8,29). Pero esta afirmación puede ser entendida mal; es necesario seguir a Jesús hasta la cruz para comprender en qué sentido es el Mesías. Allí un centurión pagano reconoce finalmente que Jesús es el Hijo de Dios (Mc 15,39).
Jesús manda callar
Uno de los detalles más llamativos del evangelio de Marcos es que Jesús manda callar con frecuencia a quienes afirman algo sobre él. Manda callar a los demonios, que lo conocen y saben que es el Santo de Dios (Mc 1,34; 3,12). A los que cura de sus enfermedades, les ordena que no se lo digan a nadie (Mc 1,44; 5,43; 7,36). Incluso a sus discípulos, que son quienes mejor lo conocen, les manda que no hablen a nadie sobre él (Mc 8,30; 9,8).
Tanto los demonios, como los curados y los discípulos dicen cosas positivas sobre Jesús. ¿Por qué, entonces, les manda callar? ¿No será tal vez porque aún no han descubierto la verda­dera identidad de Jesús? Es verdad que Jesús es el Santo de Dios y el Mesías, pero no en el sentido triunfalista que ellos dan a estos títulos. Los discípulos no aceptan. Ellos preferían a un Mesías triunfante y milagrero. Jesús se lo recrimina y les pide que le sigan.
Para entender por qué Jesús manda callar es importante caer en la cuenta de que sólo lo hace en la primera parte del evangelio (Mc 1,14 - 8,30), donde aparece más el lado glorioso y triunfal de su ministerio. Esta primera parte termina con la afir­mación de Pedro: "tú eres el Mesías". Sin embargo, Jesús les pide a sus discípulos que no hablen sobre él (Mc 8,30), porque aún no lo conocen bien.
Jesús instruye a sus discípulos
En la segunda parte del evangelio (Mc 8,31 - 16,8) Jesús les explica que su camino (el de Jesús y el de ellos) pasa por la cruz. Esta es la otra cara de la moneda, sin la cual es imposible descubrir quien es Jesús. Sin embargo, a los discípulos les cuesta mucho aceptar que Jesús tenga que morir y que ellos tengan que seguirle por el camino del olvido de sí mismos, del servicio, de la entrega. Por eso Jesús tiene que dedicarse a ellos y explicarles el sentido que tiene su entrega. A pesar de todo, cuando llega el momento decisivo, todos ellos, incluso Pedro, le abandonan.
Hacia el final de esta segunda parte hay dos momentos en los que se revela la verdadera identidad de Jesús. El primero cuando Jesús reconoce ante el Sumo Sacerdote que él es el Mesías, el Hijo del Bendito (Mc 14,61-62); el otro cuando un centurión pagano, al ver morir a Jesús afirma: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15,39). En ambos casos esta identidad de Jesús aparece relacionada con su muerte. Es aquí es donde se manifiesta la verdadera identidad de Jesús, como hijo obediente a la voluntad de Dios, que nos ha amado hasta entregar a su Hijo por nosotros.

Para preparar nuestro próximo encuentro vamos a leer la pri­mera sección del evangelio de Marcos: MC 1,14 - 3,6 ELABORAR UN DIBUJO DE ESTE PASAJE BIBLICO:
Bibliografía: El autentico rostro de Jesús. Guía para una lectura comunitaria del evangelio de san Marcos. Ed. Verbo Divino. 1997.
Descalso Martin José Luís, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, Ed. Sígueme
Cadavid Álvaro, Curso de Actualización Teológica Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín)

lunes, 17 de agosto de 2009

POLITICA Y RELIGION (actitud de Jesús frente al conflicto político de Palestina)


Actitud de Jesús frente conflicto Político de Palestina.
Política y Religión
El hecho más seguro y probado acerca de Jesús de Nazaret es que fue procesado, sentenciado y ejecutado por el procurador romano Poncio Pilato, acusado de alta traición. Lo cual no convierte a Jesús en un ser único. *Durante aquel período, muchos miles de rebeldes y revolucionarios judíos fueron crucificados por las autoridades romanas de Palestina. En general, los judíos se oponían al dominio romano y, como ya hemos visto, alguno de ellos estaban dispuestos a derribar a los romanos y restaurar el reino de Israel. Jesús fue hallado culpable de esta implicado en dicha conspiración y además, de pretender ser el verdadero rey de los judíos, heredero del trono, o lo que los judíos llamaban «El Mesías».
Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey (Lc 23, 2).
*La inscripción que se puso sobre la cruz (El Rey de los judíos) no deja lugar a dudas acerca de la acusación hecha contra él..
Fue o no fue culpable? ¿Incitó realmente al pueblo a la rebelión? ¿Se opuso verdaderamente a pagar tributos a los romanos? Pretendió de veras ser el rey o Mesías que debería gobernar a los judíos en lugar de Heredes, Pilato o César? ¿Hizo realmente planes para derribar al gobierno.
*A un extremo tenemos a quienes afirman que fue culpable (al menos en lo referente a las autoridades romanas), porque pretendió realmente ser el Mesías e intentó iniciar una revolución violenta con objeto de derribar a los imperialistas romanos.
Se afirma que Jesús estuvo profundamente implicado en la política de su tiempo y que inició un movimiento religioso-político que no se diferenciaba del de los Zelotes. Han sido fuertemente subrayadas las semejanzas entre Jesús y los Zelotes. Uno de los Doce era conocido como Simón Zelotes (Lc 6, 75; Hech 1, 13), y suele afirmarse que Pedro, Judas e incluso los hijos del Zebedeo también eran Zelotes. Además, algunos años después de la muerte de Jesús, un importante dirigente fariseo, que deseaba realmente que se diera una oportunidad al movimiento de Jesús, no descartó, sin embargo, la posibilidad de que fuera algo parecido al movimiento Zelote de Judas el Galileo (Hech 5, 34-39).
En una ocasión, Pablo fue confundido con un conocido líder revolucionario judío de Egipto (Hech 27,37-35).
*En el otro extremo tenemos a quienes afirman que Jesús fue absolutamente inocente de aquellas acusaciones políticas. No quiso incitar al pueblo a la rebelión; recomendó pagar los tributos; fue un pacifista; su única pretensión fue la de ser el Mesías «espiritual» o rey «espiritual» de los judíos.
*Afirman también que Jesús no tuvo nada que ver con la política de su época, sino que predicó un mensaje puramente espiritual y religioso, y que las acusaciones políticas fueron ideadas por los dirigentes judíos que deseaban librarse de él.
*El problema radica en que los judíos no hacían distinción alguna entre política y religión.
*Problemas que hoy clasificaríamos como políticos, sociales, económicos o religiosos se concebían en aquel tiempo en referencia a Dios y su ley. Un problema puramente secular habría sido algo inconcebible. Una rápida ojeada al Antiguo Testamento debería bastar para comprenderlo.
*Nos está permitido, sin embargo, decir que algunos de los problemas de la época eran lo que nosotros llamaríamos 'políticos', con tal de que tengamos presente que, para los judíos de entonces, dichos problemas habrían sido concebidos en referencia a su religión. En este sentido puede decirse que las relaciones de Israel con el poder imperial de Roma eran un problema político o, si se prefiere, un problema religioso-político.
*Si Jesús discrepaba de los Zelotes a este respecto, no se debería probablemente al simple hecho de que deseara mantenerse al margen de la política. Para los judíos se trataba de un asunto religioso, y se suponía que un hombre religioso debería tener una opinión al respecto, del mismo modo que debería tener una opinión acerca del sábado o del ayuno (cfr. Mc 12, 13-17,.).
*Jesús deseaba que Israel se viera libre del imperialismo romano, tanto como podían desearlo los Zelotes, los Fariseos los Esenios o cualquier otro.
*Los evangelistas, sin embargo no se mostraron especialmente interesados en la opinión de Jesús al respecto, porqué era algo que no interesaba a quienes vivían fuera de Palestina y porque, tras la caída de Jerusalén el año 70 d. C, ya no tuvo interés para nadie.
*Pero Lucas, que deseó acudir a las fuentes originales (Lc 1, 1-4) hizo uso de un documento que debió de ser escrito en Palestina antes de la caída de Jerusalén. Los expertos llaman a este documento el Proto-Lucas, y afirman que numerosos pasajes del evangelio de Lucas y de los Hechos de los Apóstoles han sido tomados de dicha fuente. Lo que ahora nos interesa es que el 'Proto-Lucas', a diferencia de la mayoría de las otras fuentes, se refiere constantemente a la liberación política de Israel.
*En el 'Proto-Lucas', las personas que se hallan presentes en el nacimiento y en la infancia de Jesús son descritas como «todos los que ansiaban la liberación de Jerusalén» (2, 38) o «la consolación de Israel» (2, 25).
*La profecía de Zacarías (el Benedictus) revela el interés por el Dios de Israel que trae «la liberación a su pueblo» (1, 68) y «la salvación con respecto a nuestros enemigos y las manos de todos los que nos odiaban» (1, 71), para que, «libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor» (1, 74).
*Los enemigos de Israel son, sin lugar a dudas, los romanos (cfr. 19, 43). La esperanza y la expectación que aquí se expresan son de que Jesús «sería el que iba a*librar a Israel» (24, 21).
*Jesús se propuso cumplir esta expectación política, si bien no del modo en que el pueblo podía esperarlo y, desde luego no del modo en que trataban de hacerlo los Zelotes.
*Jesús se propuso liberar a Israel de Roma tratando de persuadir a Israel a que cambiara. Sin una transformación de corazón, dentro del mismo Israel, sería imposible la liberación de cualquier tipo de imperialismo. Este había sido el mensaje de todos los profetas, incluido Juan el Bautista. Jesús era un profeta y estaba implicado en la política del mismo modo que lo habrían estado todos los profetas.
*Pero, qué clase de transformación era la que había de liberar a Israel? En concreto, según el "Proto-Lucas', Jesús hizo enormes esfuerzos por convencer a los judíos de Palestina de que su actitud de resentimiento y amargura era suicida.
En el contexto del evangelio, esos signos son los signos de una catástrofe inminente: Y es en el 'Proto-Lucas' donde más clara e insistentemente se describe la catástrofe como una derrota militar de Israel en la que Jerusalén sería rodeada por sus «enemigos» (19, 43), es decir, «por ejércitos». (21, 20), y los 'buitres' romanos se congregarían en torno al cadáver de Israel (17, 37).
*«Si no cambiáis, todos seréis destruidos» (13, 3, 5). Puesto que no podrían derrocar a los romanos en un combate armado, ni serían capaces de llevar adelante su causa frente a sus adversarios, lo único realmente sensato que podían hacer era reconciliarse con ellos (12, 58).
*Tal como Jesús lo veía, la única forma de liberarse de los enemigos consiste en amar a los enemigos, en hacer el bien a los que te odian, en rezar por los que te maltratan (6,27-28).
*No se trata de resignarse a la opresión romana, ni de intentar matarles con amabilidad, sino de llegar a la causa fundamental de toda opresión y dominación: la falta de compasión por parte del hombre.
*Si el pueblo de Israel iba a seguir careciendo de compasión, acaso el derrocamiento de los romanos iba a hacer más libre a Israel?
*Si los judíos iban a seguir dando culto a los valores mundanos del dinero, el prestigio, la solidaridad de grupo y el poder, no iban acaso a sustituir la opresión romana por una opresión judía igualmente despiadada?
*Jesús estaba mucho más sinceramente interesado por la liberación de lo que lo estaban los Zelotes. Estos deseaban un simple cambio de gobierno: de un gobierno romano a uno judío.
*Jesús, por el contrario, deseaba un cambio que había de afectar a todos y cada uno de los aspectos de la vida y que debía llegar hasta los más básicos fundamentos, tanto romanos como judíos.
*Jesús deseaba un mundo cualitativamente distinto: el reino de Dios. No le satisfacía en absoluto la sustitución de un reino mundano por otro reino mundano. Eso no sería liberación en modo alguno.
*Jesús percibió lo que ningún otro había sido capaz de percibir: que existía una mayor opresión y explotación económica desde dentro que desde fuera del judaísmo. *Los judíos de la clase media que se hallaban en actitud de rebeldía contra Roma eran, por su parte, opresores de los pobres y de los ignorantes.
*El pueblo padecía una mayor opresión por parte de los Escribas, los Fariseos, los Saduceos y los Zelotes que por parte de los romanos.
*La protesta contra la opresión de Roma era una protesta hipócrita.
En la práctica, el dominio romano significaba la tributación romana. Para la mayor parte de los judíos, el pagar tributos al señor de Roma significaba dar al César lo que pertenecía a Dios, es decir, el dinero y los bienes de Israel. Pero, para Jesús, esto no era sino una racionalización, una excusa hipócrita para la avaricia. No tenía nada que ver con el verdadero problema.
¿«Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?». Pero él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le contestaron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de él. (Mc 12,14-17).
*La respuesta de Jesús revela no sólo la hipocresía y la falta de sinceridad de la pregunta, sino también el auténtico móvil que se esconde tras el problema de los impuestos: la avidez de dinero. Quienes hacen la pregunta son los mismos que poseen las monedas romanas. Se pensaba que las monedas eran propiedad personal del gobernante que las había emitido. Y aquella moneda tenía el nombre y la imagen de César. ¡No es dinero de Dios, sino del César! Si os negáis a devolver al César lo que le pertenece, es únicamente porque sois amantes del dinero. Si realmente quisierais dar a Dios lo que a Dios le pertenece, entonces venderíais todos vuestros bienes y se lo daríais a los pobres, y renunciaríais a vuestro deseo de poder, prestigio y posesiones.
*El verdadero problema era la opresión en sí, no el hecho de que un romano pagano se atreviera a oprimir al pueblo escogido de Dios.
*La causa fundamental de la opresión era la falta de compasión en el hombre. Quienes protestaban por la opresión romana haciendo caso omiso de la opresión que ellos mismos ejercían sobre los pobres, carecían de compasión tanto como los romanos, o más.

Síntesis del PROFESOR: RICARDO RAMÍREZ PARDO
Bibliografía: Albert Nolan, Jesús antes del cristianismo. Pg 122-133

sábado, 8 de agosto de 2009

EL INCIDENTE DEL TEMPLO. TERCER BIMESTRE.

Actitud de Jesús frente conflicto religioso
La respuesta la ha dado uno de esos infrecuentes y brillantes descubrimientos que se dan en la historia de la investigación neotestamentaria. Etienne Trocmé, primero en un artículo y más tarde en un libro sobre Jesús, ha demostrado que el incidente del Templo no tuvo lugar durante la última semana de la vida de Jesús, sino en el transcurso de una anterior visita a Jerusalén
Siempre se ha sabido que Jesús debió de ir una y otra, de Galilea a Jerusalén y que tenía discípulos en Jerusalén y en Judea, lo mismo que en Galilea. La aportación de Trocmé consistió en demostrar que el incidente del Templo tuvo lugar durante una de las primeras visitas a Jerusalén, proporcionando el eslabón que se había perdido en los evangelios sinópticos. Fue éste el incidente que hizo de Jesús una figura pública, conocida y controvertida a lo largo y ancho de la nación.
Pero, ¿qué es lo que ocurrió en el Templo?
Jesús realizó su acción en el inmenso patio de los Gentiles, no en el Lugar Santo donde se ofrecían los sacrificios; y su acción fué motivada por los mercaderes y los cambistas. En otras palabras, su preocupación (como no podía ser menos, después de lo que hemos visto hasta ahora) no era la de adquirir poder o purificar el ritual. Su auténtica preocupación la constituían los abusos relacionados con el dinero y los negocios.
Hay numerosos datos extra-evangélicos que demuestran la existencia de un lucrativo negocio de venta de animales sacrificiales en el gran patio del Templo.
*También hay pruebas de que los mercaderes se aprovechaban de la demanda de animales puros para los sacrificios, elevando los precios a veces de un modo exorbitante.
*También los cambistas obtenían excelentes beneficios. Se suponía que todo judío tendría que gastar en Jerusalén una parte de sus ingresos y la mayoría de los peregrinos judíos llegaban a la ciudad con moneda extranjera.
*Esto es lo que Jesús vio en el Templo. Y esto es lo que provocó su cólera. No le impresionaba la grandiosidad de las piedras y las construcciones (Mc 13, 1-2, ), ni hacía caso de los complicados ritos y ceremonias.
*Únicamente se fijó en la viuda que dio Su último centavo (Mc 12, 41-44,.) y en la explotación económica de la piedad y la devoción del pueblo. Lo que allí había eran mercaderes y cambistas que servían descaradamente a Mammón, en lugar de servir a Dios, con el permiso, posiblemente incluso en beneficio de los sumos sacerdotes que administraban la Casa de Dios.
*Jesús estaba dispuesto a hacer algo al respecto. Su compasión por los pobres y oprimidos desembocó una vez más en la indignación y la cólera.
Según Marcos, todo esto despertó la atención de Jesús una tarde en que por lo avanzado de la hora, no merecía la pena emprender ninguna acción (11, 11). De modo que volvió al día siguiente, probablemente después de reunir en tomo a sí a un grupo numeroso de seguidores. Jamás podría haber conseguido él solo expulsar a los mercaderes y cambistas, indudablemente reacios a abandonar el lugar.
*Esto significa que la acción de Jesús no fue impremeditada ni ajena a un plan preconcebido. No se trató de un impulso momentáneo del que más tarde hubiera de arrepentirse.
*Jesús y sus seguidores hicieron salir del patio a los mercaderes y cambistas con sus mercancías y su dinero.
Según Juan, Jesús hizo uso de un látigo (2, 15). Seguramente Jesús puso vigilantes en los accesos al patio, no sólo para impedir que regresaran los enojados mercaderes, sino también para que hicieran cumplir su orden (de la que nos informa Marcos, 11,16) de que nadie transportase cosas por el patio, el cual probablemente era empleado como atajo para transportar las mercancías de una parte a otra de Jerusalén.
*La operación debió de originar de inmediato un auténtico tumulto. Se ha preguntado muchas veces cómo es posible que la omnipresente guardia del Templo o la guarnición romana de la fortaleza que dominaba el patio no intervinieran. ¿Acaso temían que una intervención armada pudiera originar un motín? ¿O tal vez llegaron a intervenir? Algunos autores han considerado la estrafalaria idea de que Jesús y sus discípulos se enzarzaron en combate con la guardia del Templo y, tal vez, hasta con la guarnición romana y que, durante un cierto tiempo, Jesús consiguió resistirles y mantener el control del Templo.
Esto es históricamente imposible, no sólo porque no concuerda con todo lo que Jesús había dicho y hecho hasta entonces, sino además porque habría sido ciertamente registrado en los anales del historiador judío Josefo como un suceso de considerable importancia política y militar.
*En mi opinión, probablemente intervino la guardia del Templo, pero únicamente con la finalidad de mantener el orden hasta que los sumos sacerdotes y los escribas pudieran llegar y negociar una solución pacífica al problema. En otras palabras Jesús no opuso resistencia a la guardia, Pero tampoco ésta insistió en que se permitiera regresar a los mercaderes y cambistas.
*El problema del derecho o la autoridad de Jesús para expulsarlos debían ser negociados con los funcionarios del Templo. ¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo? (MC 11,28 .). ¿Qué señal nos muestras para obrar así? (Jn 2, 18).
*Todo había de depender de la respuesta que Jesús diera a esta pregunta. El no poseía ninguna autoridad oficial dentro del sistema y, por otra parte, no hizo apelación directa alguna a la autoridad de Dios, como habrían hecho los profetas.
*No hay ninguna duda de que, cuando Jesús predicó en el Templo —ya fuera en esta ocasión o en alguna otra visita a Jerusalén—, habló de la catástrofe venidera refiriéndose a la destrucción de la ciudad y de su Templo, y habló también del reino como de un nuevo tipo de Templo. En otras palabras: su predicación en Jerusalén siguió el esquema habitual: una urgente llamada al cambio inmediato (metanoia), una advertencia acerca de las catastróficas consecuencias en el caso de que no se produjera dicho cambio, y la promesa de un nuevo Templo o comunidad en el caso de que dicho cambio se produjera de inmediato. Pero, al igual que sucedió con los profetas de antaño, se pensó que estaba profetizando contra el Templo, la ciudad y la nación y haciendo unas promesas ridículas acerca de un nuevo Templo en un futuro inmediato.
*Lo que probablemente inquietaba aún más a las autoridades era la influencia que parecía tener sobre el pueblo y el número de personas
* De pronto Jesús se había convertido en una figura de importancia nacional. Ya no podría ser ignorado. Los dirigentes del pueblo tenían que tomar una decisión acerca de él.
Poco después del incidente del Templo se escabulló y fue a ocultarse (Jn 8, 59; 10, 39; 12, 36). Ya no podía moverse abiertamente de un lado para otro (Jn 11, 54) y se vio obligado a abandonar Jerusalén y Judea (Jn7, 1).
*Pero tampoco estaba seguro en Galilea. Por aquel entonces, también Herodes albergaba contra él un odio mortal (Lc 13, 31; Mc 6, 14-16). Ya no podía hablar libremente en las aldeas de Galilea (Mc 9, 30). De manera que tuvo que deambular con sus discípulos fuera de Galilea: al otro lado del lago, en las regiones de Tiro y de Sidón, en la Decápolis y en las cercanías de Cesárea de Filipo (Me 7, 24 y 31: 8,22 y 27).
*En un determinado momento regresó al otro lado del río Jordán (Mc 10, 1; Mt 19, 1; Jn 10, 40). Tal vez los datos geográficos no sean del todo exactos, pero de lo que no puede dudarse es de que Jesús anduvo de un lado a otro, como fugitivo y exiliado, fuera de su propia región.
Cuando, por fin, regresó a Jerusalén, tuvo que recurrir a métodos clandestinos.
*El incidente del Templo había obligado a Jesús y a sus discípulos a modificar toda su forma de vida.
En la Biblia, juzgar significa gobernar, y en este caso la idea parece ser la de que los doce serían gobernadores en el reino que compartirían con Jesús la basileia, o poder divino de gobernar (Lc 22, 29-30).
No podemos asegurar que esta especie de planificación de la estructura del reino tuviera lugar mientras Jesús anduvo huyendo, aunque es cierto que Marcos sitúa estas 'instrucciones' a los 'Doce' durante el período en que anduvieron errando fuera de Galilea o estuvieron ocultos dentro de la misma Galilea (7,24 y 31; 8, 27; 9, 30-31, 33-34 y 35; 10, 35-45). Lo que sí podemos asegurar, sin embargo, es que fue durante ese período cuando a Jesús se le ofreció la tentación de tomar el poder en sus manos y permitir ser proclamado Mesías o rey de los judíos.

Síntesis del PROFESOR: RICARDO RAMÍREZ PARDO
Bibliografía: Albert Nolan, Jesús antes del cristianismo. Pg 134-141

domingo, 26 de julio de 2009

EL REINO Y EL PODER

Actitud de Jesús frente conflicto religioso
*La última diferencia entre el Reino de Dios y el reino de Satanás se refiere al poder. Sociedad y poder son inseparables. Toda sociedad ha de tener una estructura, y ésta siempre tendrá algo que ver con el poder.
*El problema del poder y de las estructuras de poder (quién tiene poder sobre quién, y quién puede decidir por quién y sobre qué) es lo que hoy llamamos política.
*En tiempos de Jesús, la política era, ante todo, cuestión de determinar quién debía ser rey. El poder era, en primerísimo lugar, realeza.
*En castellano podemos distinguir entre realeza y reino porque poseemos dos diferentes substantivos abstractos derivados de la palabra rey.
*Pero en griego, hebreo y arameo, esto es inconcebible. La palabra griega basileia significa a un tiempo realeza y reino. El poder del rey y el dominio del rey han de ser pensados como un solo concepto.
*Es preciso que caigamos en la cuenta de que la venida de la basileia de Dios significa también la venida del poder político de Dios.
*Jesús profetizaba que el poder político divino del futuro estaría en manos de los pobres y los pequeños:
*Bienaventurados vosotros, los pobres, porque de vosotros es la basileia de Dios (Lc 6, 20).
*Yo os confiero la Basileia... Os sentaréis en tronos para juzgar...
(Lc 22, 29-30).
*Tranquilizaos, pequeño rebaño, porque vuestro Padre determinó daros la basileia (Lc 12, 32).
Todo esto forma parte de la idea general de que los ricos y poderosos serán humillados hasta el fondo, mientras los pobres serán exaltados hasta lo más alto.
El (Dios) derriba del tronó a los poderosos y exalta a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide de vacío.
(Lc 1, 52-53)
Bienaventurados vosotros, los pobres... ¡Ay de vosotros, los ricos. . .!
(Lc 6, 20-24).
A todo el que se encumbre lo abajarán, y al que se abaje lo encumbrarán.
(Lc 14, 11).
*En el Reino de Dios, el poder será totalmente diferente del poder que se ejerce en el reino de Satanás.
*El poder de Satanás es el poder de la dominación y la opresión; mientras que el poder de Dios es el poder del servicio y la libertad.
*Todos los reinos y naciones de este mundo son gobernados por el poder de la dominación y la fuerza.
*La estructura del Reino de Dios vendrá determinada por el poder del servicio espontáneo y amoroso que las personas se presten unas a otras.
Jesús lo expresaba del siguiente modo:
Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen; pero no ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera subir, sea servidor vuestro, y el que quiera ser el primero, sea el esclavo de todos, porque tampoco el Hijo del nombre ha venido para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos. (Mc 10,42-45; cf. textos paralelos y Mc 9, 35).
No hay que confundir los dos modos totalmente diferentes en que pueden entenderse y ejercerse la autoridad y el poder.
*La diferencia entre ambos es la diferencia que existe entre dominación y servicio. El poder de esa nueva sociedad no es un poder que haya de ser servido, un poder ante el cual el hombre debe inclinarse y hacer lisonjas, sino que es el poder que tiene una enorme influencia en la vida de los hombres porque está a su servicio. Es el poder que es tan desinteresado que es capaz de servir a los hombres incluso muriendo por ellos.
*Es interesante el hecho de que Jesús caracterice el poder de dominación como típico de los gobernantes gentiles (los jefes de los pueblos).
Es posible que estuviera pensando en César y en Poncio Pilato, así como en los reyes «gentiles» que, a lo largo de las Escrituras, se identifican como opresores de los judíos, especialmente los gobernantes de los grandes imperios, a quienes Daniel describe como bestias inhumanas (7,2-7,17).
*Pero Jesús era perfectamente consciente del hecho de que los judíos también podían ser opresores.
También era consciente de que la mayor parte de los líderes judíos -los sumos sacerdotes, los ancianos, los escribas y los Fariseos eran opresores.
*No tenían los arbitrarios poderes de los reyes y los príncipes, pero sí un poder que les permitía dominar y oprimir: la ley.
La ley la constituían las normas y reglas transmitidas al pueblo judío tanto a través de la palabra escrita de la Escritura como a través de la tradición oral de los escribas.
*Jesús no se oponía a la ley en cuanto tal, sino al modo de usar la ley, a la actitud del pueblo con respecto a la ley. Los escribas y Fariseos habían convertido la ley en una carga, cuando se suponía que debería ser un servicio:
Lían fardos pesados y los cargan en las espaldas de los demás, mientras ellos no quieren empujarlos ni con un dedo (Mt 23, 4).
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado (Mc 2, 27).

*Los escribas habían convertido el sábado, como tantas otras leyes, en una carga insoportable. Empleaban el sábado contra el hombre, en lugar de emplearlo en favor del hombre.
*Tenemos aquí, como se ve, dos diferentes actitudes ante la ley, dos distintas opiniones acerca de su finalidad y, consiguientemente, dos diversas formas de usarla.
*La actitud de los escribas conducía, al legalismo, a la hipocresía y al dolor.
*La actitud de Jesús, por el contrario conducía a la tolerancia en todos aquellos casos en que las necesidades del hombre chocaran con la observancia de la ley, y al rigor siempre que éste sirviera mejor a las necesidades del hombre. La ley estaba hecha para el hombre, no el hombre para servir a la ley y humillarse ante ella.
El sábado, por ejemplo, había sido concebido para liberar al hombre del peso del trabajo y para que pudiera descansar. Pero no había sido concebido para impedir al hombre hacer el bien, para impedirle curar o salvar la vida (Mc 3,4; Mt 12,11-12; Lc 13, 15-16), ni para impedirle que comiera cuando tenía hambre (Mc 2, 23-26,).
*Jesús no se consideraba a sí mismo un legislador. No quiso abolir la Ley Mosaica (Mt 5,17-18) con objeto de promulgar una nueva ley o acabar con todo tipo de leyes.
*Tampoco quiso añadir, quitar o corregir una sola letra o un solo acento de la ley (Mt 5,18). Lo que Jesús quería hacer era dar a la ley su cumplimiento, es decir, tratar de que la ley desempeñara el papel que Dios le había asignado, que cumpliera su finalidad (Mt 5, 18).
*Los escribas y Fariseos explotaba la ley para sus propios propósitos egoístas, destruyendo con ello la finalidad de la ley en sí misma. *Habían hecho de la ley un poder opresor.
*Los dirigentes y los hombres instruidos del tiempo de Jesús eran los primeros que se habían esclavizado con respecto a la ley.
*Jesús deseaba liberar a todos de la ley, de todas las leyes Pero esto no podía conseguirse aboliendo o cambiando la ley Lo que había que hacer era destronar a la ley. Jesús tenía que asegurarse de que la ley fuera servidora del hombre, y no su dueña (Mc 2, 2-28).
*El hombre, por consiguiente, debe responsabilizarse de su poder y la ley para servir a las necesidades de la humanidad.
*Lo cual es totalmente diferente del libertinaje, el desorden o la tolerancia irresponsable.
*Jesús relativizaba a ley para que pudiera alcanzarse su verdadera finalidad.
*En la estructura política del Reino de Dios, por lo tanto el poder, la autoridad y la ley serán puramente funcionales lo único que harán será expresar las medidas necesarias para que los hombres se sirvan mutuamente de un modo voluntario y eficaz.
*Todo tipo de dominación y toda forma de esclavitud habrán sido abolidos «Porque os digo que si vuestra fidelidad (cumplimiento de la ley) no sobrepasa a la de los escribas y Fariseos no entrarán nunca en el Reino de Dios» (Mc 5, 20).

Síntesis del PROFESOR: RICARDO RAMÍREZ PARDO
Bibliografía: Albert Nolan, Jesús antes del cristianismo. Pg 92-97
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